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Desaprender la violencia http://www.lavanguardia.es/premium/epaper/20081126/53586958771.html Marta Selva La violencia contra las mujeres se aprende. Se aprende a amar, se aprende a respetar la libertad ajena, a valorar la diferencia humana y a confiar en ella. Este aprendizaje es un proceso oculto que va configurando nuestra forma de relacionarnos con el entorno y gestionar los sentimientos. La diversidad de situaciones que influyen en la educación sentimental y la poca transparencia con la que actúan son elementos que considerar al plantearnos acciones contra la reproducción de modelos que siguen alimentando la violencia machista. Las ideas recibidas sobre las relaciones amorosas, difundidas por la industria del entretenimiento, la publicidad y sobre todo en el escenario doméstico, donde se aprende de madres sumisas y padres agresivos; la convivencia diaria con la representación de la violencia y con las formas más banalizadas de la misma; la poca resistencia a la frustración y la ilusión de poder poseerlo todo, así como la vigencia de los estereotipos sexistas, son algunas de las situaciones que actúan como presión sobre buena parte de la juventud actual. Las leyes y los planes de acción para abordar el fenómeno de la violencia machista disponen preceptos e indicaciones relacionadas con la coeducación, el tratamiento de la violencia en los medios de comunicación, la difusión explícita o implícita de la misoginia y con la formación de los y las profesionales de estos dos ámbitos. Por este motivo, las instituciones desarrollamos programas sobre las relaciones abusivas, para que los y las adolescentes puedan desarticular los mecanismos implicados en el concepto del amor romántico, especialmente en sus manifestaciones más extremas, la entrega total por un lado y el dominio por el otro. Que puedan actuar de forma preventiva cortando desde el inicio cuando los celos, la posesión, el control y la falta de libertad están demasiado presentes en la relación. Proponemos a las y los jóvenes que rompan la continuidad de la cultura machista, reconociendo que hasta ahora no hemos sido capaces de hacerlo. Y este reconocimiento debe formar parte del diálogo intergeneracional sobre la violencia machista, pues así determinaremos los aspectos que en lo íntimo y en lo colectivo hemos permitido y tolerado. Se deben ir perdiendo los referentes de una cultura tan destructiva como la machista y que las nuevas generaciones construyan, con nuestra ayuda, nuevas formas de relación entre los sexos, tan necesarias como urgentes. M. SELVA, presidenta de l´InstitutCatalà de les Dones |
USTEC·STEs (1)