PREMSA  
 

Diversidad e integración

http://www.lavanguardia.es/premium/epaper/20071001/53398251488.html

RAMON MULLERAT

EL SUPREMO DE EE. UU. falló que la raza no puede usarse para incluir un alumno en una escuela u otra

Nadie puede dudar de que la diversidad y la integración raciales sean uno de los grandes problemas que sacuden endémicamente el melting pot norteamericano. En la moderna historia del país de Martin Luther King se distinguen dos periodos: el dominado por la sentencia Plessy v. Ferguson,que en 1896 consagró la segregación racial bajo el antitético principio "separados pero iguales", y el de Brown v. Board of Education,dictada por jueces activistas que antepusieron sus convicciones morales a la letra de la ley, declarando inconstitucional la segregación de las escuelas, lo que ha permitido que desde 1954 muchos afroamericanos lideren múltiples empresas, que las escuelas atraigan gentes de color para enriquecer sus campus y que los dos últimos secretarios de Estado y un candidato a la presidencia sean negros. Pero una reciente sentencia del poderoso Tribunal Supremo parece haber dado marcha atrás.

Declarada la igualdad de los ciudadanos y anatematizada la segregación, los tribunales habían ido perfilando su propia doctrina haciendo concesiones a la affirmative action,buscando remedio a la discriminación anterior, ilegalizando los rebrotes de desequilibrio racial en las escuelas, a fin de eliminar los vestigios de la segregación y permitiendo a las universidades considerar la raza como factor de admisión a fin de lograr un campus diversificado (Regents of the University of California v. Bakke 1978).

Pero, recientemente se planteó si los programas de educación, como los de Louisville y de Seattle, que tratan de diversificar sus escuelas para promover la diversidad y la integración, eran o no constitucionales. Con tales políticas, se persigue que la proporción racial en las escuelas no discrepe de la existente en cada una de las comunidades. Estos programas reconocen a todos los estudiantes el derecho a elegir sus escuelas, pero permiten que la escuela elegida rechace su admisión basándose en la raza de los candidatos a fin de no alterar el equilibrio racial de la escuela. Con ello se persigue hacer frente al resurgente aislamiento racial y preservar los beneficios tan costosamente conquistados por Brown.

Los dos eternos principios han vuelto a entrar en conflicto: por un lado, el de la igualdad, que exige que la raza no cuente y que los candidatos sean tratados como individuos y no como componentes de un grupo racial para que puedan escoger la escuela que deseen y, por otro, el de la diversidad e integración, que busca evitar precisamente que este principio de igualdad pueda reinstaurar el segregacionismo escolar.

Es sabido que la reforma del Supremo realizada por la Administración Bush, con el nombramiento de los jueces conservadores John Roberts y Samuel Alito, comporta una interpretación más conservadora de la Constitución. En este caso, los padres de estudiantes blancos protestaban por el rechazo a la admisión de sus hijos debido a los programas de diversidad, y el Tribunal, por 5 votos contra 4, les ha dado la razón declarando que las políticas de discriminación positiva afectan el derecho constitucional a la igualdad de protección, que todos deben tener las mismas oportunidades con independencia de la raza y que el color de la piel no debe ser usado como motivo para la inclusión de los estudiantes en una escuela u otra. Esta decisión claramente afecta a los derechos civiles y constituye una erosión de Brown v. Board of Education al dar un paso atrás en favor de la antigua y superada doctrina "separados pero iguales", lo que equivale a ser desiguales.

R. MULLERAT, abogado

USTEC·STEs (1)