PREMSA  
 

Comportamiento en el aula

http://www.lavanguardia.es/premium/epaper/20070121/51302015591.html

CRISTINA SÁNCHEZ MIRET

A CADA NUEVA generación le resulta más difícil mantener la concentración en una sola cosa

Hace unos días tocaba en clase - primer curso de la licenciatura de Administración y Dirección de Empresas y Economía- ver un documental sobre desigualdades sociales. Ya estaba anunciado de antemano, pero eran pocos los alumnos que lo recordaban. De hecho, incluso no son muchos los que saben por qué tema del programa vamos y mucho menos en qué fecha hay que entregar los trabajos, a pesar de que al matricularse ya tienen la información. Son pocos los que consultan el programa y tampoco son todos los que a estas alturas del curso académico - hacemos clase dos veces a la semana desde septiembre y sólo tienen cinco asignaturas- saben exactamente - es decir, no dudan de su respuesta ante la pregunta- el nombre de sus profesores.

Todo esto - que a algunos todavía puede parecerles poco normal o muy inconveniente- forma parte ya de la dinámica habitual de la universidad en estos días; y, por tanto, podríamos decir que los docentes - universitarios o no- estamos más que acostumbrados a adaptarnos a los cambios en el comportamiento del alumnado. Aun así, al menos en mi caso, no pierden la capacidad de sorprenderme. Eso después de más de quince años de impartir clases y de haber visto muchos tipos de alumnos.

Estaba en clase, pues, enunciando las características del documental, cuando un alumno - al ver que no íbamos a empezar una clase magistral- y, supongo, por una asociación de ideas que a él le pareció del todo lógica, me preguntó si podía, mientras yo preparaba el equipo, bajar al bar a comprar chuches para ver la película.

Lo menos importante es la respuesta que recibió. Sobre lo que sí hay que reflexionar, además del cambio de mentalidad y de la concepción del papel de alumno que tienen las nuevas generaciones, es sobre lo que se considera aceptable o no en el aula. El comportamiento en clase tanto en la relación alumno profesor como de alumno a alumno ha variado mucho estos últimos años. Cada vez a los alumnos les resulta más difícil identificarse como grupo y, especialmente, respetar a los otros miembros de éste.

Tiempo atrás era inaudito que fuera precisamente ante la exposición de un compañero cuando más poca atención - no sólo por omisión, también por acción- prestase el resto de la clase; o que los alumnos abandonen el aula y no se queden a escuchar la exposición de los siguientes grupos; o que, incluso, uno de los componentes del grupo que defiende el trabajo no se presente, y deje a sus compañeros colgados, y sin material para la exposición.

Además, a cada nueva generación le resulta más difícil mantener la concentración en una sola cosa. Los alumnos no pueden dejar de hacer diversas cosas a la vez - sin duda alguna un signo inequívoco de nuestros tiempos-, lo que dificulta mucho la interacción en el aula. No pasan ni de ir a clase ni de escuchar. Generalmente atienden a la explicación aunque, evidentemente, la calidad de la atención es relativa porque al mismo tiempo mandan un mensaje de móvil o repasan apuntes de otra asignatura o hacen ejercicios de otro tema o beben y comen, y, evidentemente, conversan.

Todo este tipo de comportamientos no es visto como fuera de lugar por los alumnos, aunque es muy comentado y criticado por los profesores. En general, no se puede afirmar que es habitual, pero tampoco se clasifica ya como excepcionale. No piensen que hay mala intención por parte del alumnado o deseo de sabotaje, sino una nueva manera de entender su papel a la que nos cuesta acostumbrarnos.

C. SÁNCHEZ MIRET, socióloga

USTEC·STEs (1)