PREMSA  
 

De la violencia escolar y sus secretos

http://www.lavanguardia.es/premium/epaper/20061111/51291987193.html

HAY QUE PONER el acento en los dos culpables: la sociedad, de la que la escuela es puro reflejo, y la familia

Si hay un país donde casi a diario se habla de violencia en las escuelas e institutos, éste es Francia. El Ministerio de Educación puso en marcha en el año 2001 la base de datos Signa, un barómetro de la violencia escolar que muy pocos países poseen. El semanario Le Point exigió verla, y ante el rechazo, el semanario se acogió a la Comisión de Acceso a los Documentos Administrativos. Tras dieciocho meses de batallas jurídicas, Le Point publicó las cifras a finales de agosto. La base de datos contabiliza sólo hechos considerados muy graves ocurridos en centros públicos. Cualquiera puede desde entonces acceder a esta información a través de la red, pero ahí va un breve y escalofriante resumen: 82.007 actos graves recogidos en el curso 2005-2006 en los centros de secundaria. 760 alumnos en posesión ilícita de armas. 1.050 agresiones de carácter sexual. 1.142 incendios o tentativas de incendio serias. 1.268 desperfectos graves a vehículos. 1.530 extorsiones. 1.607 agresiones físicas con arma, 21.316 amenazas verbales graves, 24.372 agresiones sin armas... y así sigue. Y, ojo, aunque esta base de datos cubre únicamente la enseñanza pública, numerosas encuestas demuestran que la escuela privada no es en absoluto un remanso de paz.

Yo no creo que aquí la violencia haya llegado a estos niveles, razón por la cual tal vez aún podamos tratar de aprender de sus errores. Por eso hablo del país vecino, pues en él se dan algunas de las características que en estos días muchos han reivindicado como solución para paliar el problema de la violencia. Hay quien ha hablado de poseer un cuerpo de directores más especializado. Pues bien, los centros franceses tienen un cuerpo de directores altamente especializado. Otros han reivindicado más disciplina en los centros (los centros franceses están regulados por medidas de disciplina mucho más rígidas que las nuestras) o más vigilancia (algunos centros franceses se han equipado de personal y de detectores). Hay quien ha hablado de bajar el número de alumnos por clase (los franceses tienen ratios más que razonables). Y por si fuera poco, su método de enseñanza goza del más sólido de los prestigios. Sin embargo, ello no ha sido obstáculo para que sea uno de los países que más violencia generan en sus centros escolares.

Ello me lleva al convencimiento cada día más firme de que no es en los centros escolares, sino en la familia y en la sociedad donde todo está en juego. Creo poder sacar alguna conclusión válida tras veinte años de permanencia diaria en un instituto. También la tradición familiar me avala: en mi familia hay tres generaciones de maestras rurales. Mi madre y mi abuela llegaron a tener en una misma aula a setenta chavales de edades distintas, de capacidades intelectuales distintas. Allí no faltaba de nada: desde el niño hijo de padres cazurros y analfabetos hasta el exhibicionista al que le daba por subirse al pupitre y enseñar la pilila al resto de la clase. Y sin embargo, los maestros jamás perdieron el control de la situación. Para mí está claro que hay que poner el acento en los dos culpables: la sociedad, de la que la escuela es el puro reflejo (pero poco podemos de inmediato y concreto al respecto), y la familia. El alumno es el puro reflejo de su familia, y la semana que viene prometo darles algunos ejemplos sustanciosos de esta última afirmación.

USTEC·STEs (1)