PREMSA  
 

Iraq, tercer año

LA VANGUARDIA - 19/03/2006

http://www.lavanguardia.es/web/20060319/51238036967.html

Mañana se cumplen los tres años del inicio de la guerra de Iraq. El paseo militar hasta la caída de Bagdad, que se efectuó en un tiempo récord de tres semanas, fue sólo un espejismo: las tropas anglo-norteamericanas alcanzaron su objetivo de derrocar a Saddam Hussein, pero se adentraron en el complejo laberinto iraquí del que aún hoy no se atisba una salida. Puede afirmarse que las fuerzas ocupantes ganaron la guerra, pero no así la posguerra, como lo evidencia la última ofensiva para neutralizar la insurgencia suní en Samarra. La cruel paradoja es que las tropas estadounidenses han perdido más de 2.300 soldados desde marzo del 2003 y que la mayoría de las bajas se ha producido en el segundo y tercer año de conflicto. Paralelamente, el proceso de democratización - del que son reflejo las legislativas del 15 de diciembre- no sólo no ha estabilizado el país, sino que tampoco ha desactivado la amenaza de guerra civil entre las distintas facciones en escena.

Con el balance de unos cien mil muertos sobre el terreno, no es la hora de reabrir el debate sobre las causas que precipitaron la guerra - las armas de destrucción masiva que nunca aparecieron-, pero sí de evaluar las razones prácticas que se esgrimieron a posteriori por la Administración Bush: el fortalecimiento de la seguridad de Estados Unidos, la democratización de Iraq y su efecto contagio en todo Oriente Medio.

La realidad desmiente parcialmente esos supuestos. No ha podido establecerse un nexo previo entre el régimen de Saddam y la red de Al Qaeda, pero sí que el conflicto ha sido la puerta de entrada del terrorismo integrista en el avispero iraquí. También se ha puesto de manifiesto que la viabilidad de la democracia no depende sólo de las urnas, sino de la capacidad de sus actores para establecer una arquitectura constitucional equilibrada entre la mayoría chií (60%), la autonomía kurda (20%) y la minoría suní (20%), ligada al antiguo régimen y la facción más activa de la resistencia armada. Y, finalmente, tampoco se ha despejado el horizonte en la zona: de la victoria de Hamas en Palestina al fracaso de la vía reformista en Teherán pasando por la impresión generalizada de que la guerra de Iraq ha aumentado la amenaza terrorista global.

Hace un año, el halcón Richard Perle - uno de los teóricos de la guerra preventiva por la que sigue apostando Bush- aseguró que el error de EE. UU. había sido no abandonar Iraq a su suerte tras el derrocamiento de Saddam. Puede cuestionarse aquella intervención unilateral, pero la responsabilidad de los que la impulsaron exige una retirada escalonada que evite que el país se instale en la guerra civil. Así lo entiende el propio Bush que ha urgido la formación de un gobierno de unidad que refleje la diversidad iraquí. El bloqueo político - el Parlamento se constituyó el jueves sin acuerdo de gobierno- es un factor añadido de inestabilidad y frena las intenciones de Washington de reducir de forma sustancial sus tropas antes de finales de año (de 132.000 a 100.000 soldados).

Londres, por su parte, ha anunciado ya la rebaja del 10% de sus efectivos en mayo (de casi 8.000 a 7.000) alegando la mejor formación de las fuerzas iraquíes y rechazando la tesis de que el país esté en puertas de una guerra civil. La posición británica, sin embargo, no parece ajena al calendario político interior: John Reid, el veterano ministro de Defensa laborista, estaría despejando el terreno para Gordon Brown, el esperado sucesor de Tony Blair - éste apostó por la opción militar con la oposición de más de un centenar de sus diputados-. De hecho, la presencia británica ha pasado de 46.000 hombres en abril del 2003 a los poco más de 8.000 actuales.

La Administración Bush, sin embargo, no descarta la hipótesis de la guerra civil, pero tranquiliza a los norteamericanos apuntando que sus soldados no se situarían en primera línea. Donald Rumsfeld ha afirmado que ésta sería una responsabilidad de las fuerzas de seguridad iraquíes. Bush celebra este tercer aniversario de la guerra de Iraq con su nivel más bajo de popularidad y, lo que es aún peor, con una paulatina coincidencia en la censura entre la opinión pública interior y la internacional. La estabilidad política en Iraq es indispensable, en suma, para evitar un conflicto civil y proseguir la retirada paulatina de tropas. Ése es el reto para el cuarto año.

USTEC·STEs (1)