PREMSA  
 

La religión y la ley

http://www.lavanguardia.es/premium/epaper/20090628/53733793881.html

PARA SABER MÁS

PUBLICACIONES

Musulmans a Catalunya,A. Seglers, Angle editorial (2004)

European citizenship, multiculturalism and the State,U. Preuss-F. Requejo, Nomos (1998)

El pañuelo islámico en Europa,A. Motilla (Coord.), Marcial Pons (Próxima publicación)

Tratamiento de la simbología religiosa en el Derecho español: propuestas ante la reforma de la Ley orgánica de libertad religiosa,S. Cañamares, Revista Gral de Derecho Canónico y Derecho Eclesiástico del Estado (2009)

Is nothing sacred?: Clashing symbols in a secular world,M. Hill and R. Sandberg, Public Law Journal (2007)

La religión y la ley

WEBS

www. olir. it Osservatorio delle Libertà ed Istituzioni Religiose

ww. iclars. org International Consortium for Law and Religion Studies

www. irla. org International Religious Liberty Assoc.

* La religión y la ley

* Del velo al crucifijo - ÀlexSeglers

* Agnóstico, religioso, ateo - Ferran Requejo

* PARA SABER MÁS

* WEBS

La religión y la ley

Estos últimos días, la polémica por el uso de la burka por algunas mujeres sacude a Francia. En España, el principio general respecto al enfrentamiento entre la costumbre religiosa y las leyes es la aceptación de la simbología religiosa personal. Aunque hay dudas sobre los símbolos estáticos - cruces, velos-,se deja la decisión en manos de los órganos educativos o municipales.

ANÁLISIS

Del velo al crucifijo

ÀlexSeglers

Si no hay voluntad para captar prosélitos resulta improbable que se viole la libertad de creencias

Posiblemente recuerden la conocida ley antivelo. Prohibía los símbolos religiosos personales en las escuelas francesas. Pese al debate nacional sobre la laïcité,sigue habiendo alumnas reacias a quitarse el pañuelo. En tales casos, deben seguir los estudios en sus domicilios.

Los padres de una de ellas, disconformes, acudieron a la Corte de Estrasburgo (Kervanci contra Francia,2008). Estaba en juego la libertad religiosa y el derecho a la propia imagen de su hija. Pero el Tribunal Europeo de Derechos Humanos - siguiendo la doctrina del caso Leyla Sahin contra Turquía (2004)-dispuso que los estados gozan de un amplio margen para implementar sus políticas sobre la multiculturalidad.

Francia y Turquía son excepciones en la jurisprudencia de Estrasburgo. No sucede lo mismo en el resto de países occidentales, que suelen permitir los velos, las cruces o los turbantes.

¿Y España? El principio general es la aceptación de la simbología religiosa personal. El diálogo da sus frutos. Con todo, persisten dudas sobre los símbolos estáticos, admitidos en países de nuestro entorno. En la sentencia 130/ 1991, el Tribunal Constitucional hubo de resolver sobre la imagen de la Virgen de la Sapiencia que figuraba en el escudo de la Universidad de Valencia. El tribunal reconoció que era "más adecuado a la lógica de un Estado aconfesional un escudo universitario sin elementos de significado religioso que con ellos". Sin embargo, no se decantó explícitamente por mantener ni por retirar la imagen de la Virgen. Tales decisiones competen a los órganos de los centros: el claustro de una universidad, el pleno de un Ayuntamiento… o el consejo escolar de un colegio.

Probablemente recuerden también la reciente polémica acaecida en la escuela pública Macías Picabea. Su consejo escolar aprobó en votación democrática y secreta mantener los crucifijos en las aulas. La decisión llegó al juzgado de lo contencioso administrativo de Valladolid, tras un recurso de la Asociación Cultural Escuela Laica.

Este juzgado eludió parte de aquella doctrina constitucional. En su sentencia del 14/ XI/ 2008, ordenó la retirada de los crucifijos obviando la autonomía de la escuela. Por un lado, reconoció que la cruz no implicaba proselitismo: ni directa o indirectamente perseguía esa finalidad. Pero, por otro, afirmó que el crucifijo vulneraba la laicidad y la libertad de creencias de los alumnos.

No obstante, si no hay voluntad para captar prosélitos resulta improbable que se viole la libertad de creencias. Nuestro modelo de laicidad no excluye la exhibición de imágenes religiosas, sean las de una Virgen o las de unas cruces. Se trata de símbolos de origen religioso que, por tradición, se han secularizado en su uso institucional. Como ocurre con muchas fiestas paganas o cristianas incorporadas en el calendario oficial. La sentencia reconoce, además, que los crucifijos no interfieren en la docencia y que son parte inherente del acervo social y cultural. Incluso en un párrafo alude a la cruz de la bandera asturiana (o al escudo del Barça, cabría añadir). Así pues, ¿por qué al final se optó por desalojar los crucifijos?

El juzgado se basó en dos conjeturas. La primera, en la connotación religiosa - no sólo cultural-de la cruz, que se proyecta en un centro educativo donde estudian menores de edad en fase de formación de su voluntad e intelecto. Y la segunda, en que "puede provocar en estos (en los discentes) el sentimiento de que el Estado está más cercano a la confesión con la que guardan relación los símbolos presentes en el centro que a otras confesiones de las que no está presente ningún símbolo".

Connotación religiosa donde estudian menores y más sentimiento de cercanía del colegio hacia una confesión (se refería a la católica, aunque el crucifijo no es privativo de esta), fueron las presunciones utilizadas para retirar las cruces. ¿No hubiera sido más coherente demostrar que el crucifijo supone proselitismo indirecto? Sí. Pero eso requería la denuncia de los padres supuestamente ofendidos por la presencia de estos signos. Ola del mismo consejo escolar, y no fue el caso.

De prosperar hipótesis como las del juzgado de Valladolid, se podría acabar admitiendo que la visión de cualquier imagen es susceptible de vulnerar la libertad religiosa o ideológica (artículo 16 de la Constitución). Mientras el Gobierno no mueva ficha con la anunciada ley de Libertad Religiosa, las decisiones ad casum seguirán siendo factibles.

Por ahora, en nuestra experiencia jurídica, ni la laicidad del Estado ni la libertad de creencias exigen, para su efectividad, la cancelación de símbolos religiosos preexistentes y aceptados por los colegios concernidos. No se trata de hacer tabla rasa, ni de imponerlos como antaño. Simplemente se actúa desde una laicidad participativa, y no desde el laicismo estricto, como sucede en Francia o Turquía.

À.SEGLERS, profesor agregado de Derecho Eclesiástico (UAB) y consultor de Derecho (UOC)

* La religión y la ley

* Del velo al crucifijo - ÀlexSeglers

* Agnóstico, religioso, ateo - Ferran Requejo

* PARA SABER MÁS

* WEBS

La religión y la ley

Estos últimos días, la polémica por el uso de la burka por algunas mujeres sacude a Francia. En España, el principio general respecto al enfrentamiento entre la costumbre religiosa y las leyes es la aceptación de la simbología religiosa personal. Aunque hay dudas sobre los símbolos estáticos - cruces, velos-,se deja la decisión en manos de los órganos educativos o municipales.

ANÁLISIS

Del velo al crucifijo

ÀlexSeglers

Si no hay voluntad para captar prosélitos resulta improbable que se viole la libertad de creencias

Posiblemente recuerden la conocida ley antivelo. Prohibía los símbolos religiosos personales en las escuelas francesas. Pese al debate nacional sobre la laïcité,sigue habiendo alumnas reacias a quitarse el pañuelo. En tales casos, deben seguir los estudios en sus domicilios.

Los padres de una de ellas, disconformes, acudieron a la Corte de Estrasburgo (Kervanci contra Francia,2008). Estaba en juego la libertad religiosa y el derecho a la propia imagen de su hija. Pero el Tribunal Europeo de Derechos Humanos - siguiendo la doctrina del caso Leyla Sahin contra Turquía (2004)-dispuso que los estados gozan de un amplio margen para implementar sus políticas sobre la multiculturalidad.

Francia y Turquía son excepciones en la jurisprudencia de Estrasburgo. No sucede lo mismo en el resto de países occidentales, que suelen permitir los velos, las cruces o los turbantes.

¿Y España? El principio general es la aceptación de la simbología religiosa personal. El diálogo da sus frutos. Con todo, persisten dudas sobre los símbolos estáticos, admitidos en países de nuestro entorno. En la sentencia 130/ 1991, el Tribunal Constitucional hubo de resolver sobre la imagen de la Virgen de la Sapiencia que figuraba en el escudo de la Universidad de Valencia. El tribunal reconoció que era "más adecuado a la lógica de un Estado aconfesional un escudo universitario sin elementos de significado religioso que con ellos". Sin embargo, no se decantó explícitamente por mantener ni por retirar la imagen de la Virgen. Tales decisiones competen a los órganos de los centros: el claustro de una universidad, el pleno de un Ayuntamiento… o el consejo escolar de un colegio.

Probablemente recuerden también la reciente polémica acaecida en la escuela pública Macías Picabea. Su consejo escolar aprobó en votación democrática y secreta mantener los crucifijos en las aulas. La decisión llegó al juzgado de lo contencioso administrativo de Valladolid, tras un recurso de la Asociación Cultural Escuela Laica.

Este juzgado eludió parte de aquella doctrina constitucional. En su sentencia del 14/ XI/ 2008, ordenó la retirada de los crucifijos obviando la autonomía de la escuela. Por un lado, reconoció que la cruz no implicaba proselitismo: ni directa o indirectamente perseguía esa finalidad. Pero, por otro, afirmó que el crucifijo vulneraba la laicidad y la libertad de creencias de los alumnos.

No obstante, si no hay voluntad para captar prosélitos resulta improbable que se viole la libertad de creencias. Nuestro modelo de laicidad no excluye la exhibición de imágenes religiosas, sean las de una Virgen o las de unas cruces. Se trata de símbolos de origen religioso que, por tradición, se han secularizado en su uso institucional. Como ocurre con muchas fiestas paganas o cristianas incorporadas en el calendario oficial. La sentencia reconoce, además, que los crucifijos no interfieren en la docencia y que son parte inherente del acervo social y cultural. Incluso en un párrafo alude a la cruz de la bandera asturiana (o al escudo del Barça, cabría añadir). Así pues, ¿por qué al final se optó por desalojar los crucifijos?

El juzgado se basó en dos conjeturas. La primera, en la connotación religiosa - no sólo cultural-de la cruz, que se proyecta en un centro educativo donde estudian menores de edad en fase de formación de su voluntad e intelecto. Y la segunda, en que "puede provocar en estos (en los discentes) el sentimiento de que el Estado está más cercano a la confesión con la que guardan relación los símbolos presentes en el centro que a otras confesiones de las que no está presente ningún símbolo".

Connotación religiosa donde estudian menores y más sentimiento de cercanía del colegio hacia una confesión (se refería a la católica, aunque el crucifijo no es privativo de esta), fueron las presunciones utilizadas para retirar las cruces. ¿No hubiera sido más coherente demostrar que el crucifijo supone proselitismo indirecto? Sí. Pero eso requería la denuncia de los padres supuestamente ofendidos por la presencia de estos signos. Ola del mismo consejo escolar, y no fue el caso.

De prosperar hipótesis como las del juzgado de Valladolid, se podría acabar admitiendo que la visión de cualquier imagen es susceptible de vulnerar la libertad religiosa o ideológica (artículo 16 de la Constitución). Mientras el Gobierno no mueva ficha con la anunciada ley de Libertad Religiosa, las decisiones ad casum seguirán siendo factibles.

Por ahora, en nuestra experiencia jurídica, ni la laicidad del Estado ni la libertad de creencias exigen, para su efectividad, la cancelación de símbolos religiosos preexistentes y aceptados por los colegios concernidos. No se trata de hacer tabla rasa, ni de imponerlos como antaño. Simplemente se actúa desde una laicidad participativa, y no desde el laicismo estricto, como sucede en Francia o Turquía.

À.SEGLERS, profesor agregado de Derecho Eclesiástico (UAB) y consultor de Derecho (UOC)

LA CLAVE

Agnóstico, religioso, ateo

Ferran Requejo

"No me he de pelear con mi vecino - decía Jefferson-por el hecho de que creamos que existe un dios, 20 o ninguno"

El liberalismo político surgió tras las guerras de religión que asolaron Europa en los siglos XVI y XVII. Una pregunta que plantearon los primeros liberales (Locke) fue la de cómo organizar la convivencia sin que se matara por motivos religiosos. La respuesta básica fue establecer derechos y privatizar la religión, es decir, separarla de la esfera pública (separación Estado-Iglesias). "No me he de pelear con mi vecino - venía a decir Jefferson-por el hecho de que creamos que existe un dios, veinte o ninguno".

¿Qué modelos de pluralismo religioso son más congruentes con los valores y prácticas de las democracias liberales?

Hay varias respuestas. Por un lado, están los modelos que apuestan por una clara separación entre esfera pública y expresiones religiosas. Se concibe que estas últimas deben situarse en las esferas privada y social, pero no en la esfera pública, que concierne a todos. Así, no se permite que un juez, un maestro, un policía, incluso los estudiantes, etcétera, muestren signos religiosos. Francia y Turquía se acercan a este modelo. Por otro lado, están aquellos que admiten la expresión de creencias mientras se respeten las reglas democráticas (aunque con excepciones). Canadá se acercaría más a este modelo (una referencia: el informe Bouchard-Taylor,2008).

Creo que en este tema deben distinguirse dos aspectos: la expresión de las creencias, y la regulación institucional del pluralismo religioso. En el primer aspecto parece más acorde con el pluralismo actual el segundo modelo mencionado. Los estudiantes, por ejemplo, no tienen por qué verse prohibidos de llevar un pañuelo en la cabeza o una cruz como gargantilla. Cabe establecer límites a las exageraciones expresivas, pero no a su existencia. En la esfera pública, sin embargo, el punto clave es la protección de las minorías. No sólo de las religiosas, sino también de las agnósticas y ateas. En las escuelas públicas (o subvencionadas), por ejemplo, no parece que deba dejarse que los padres protesten para que se retiren los signos religiosos. En instituciones como juzgados, hospitales o escuelas, que son sufragadas por todos, debe mantenerse un escrupuloso respeto neutral al pluralismo (religioso o no). Esta no es una cuestión democrática de mayorías, sino una cuestión liberal de protección de las minorías. El Gobierno central tiene la oportunidad de legislar esta materia con modernidad, regulando una laicidad que establezca claramente la protección de las minorías en la esfera pública.

F. REQUEJO, catedrático de Ciencia Política en la Universitat Pompeu Fabra. Ferran. requejo@ upf. edu

USTEC·STEs (2)