ETICA E IGUALDAD ENTRE HOMBRES Y MUJERES.

Asignatura obligatoria y evaluable en 4º de la ESO:

¿Qué se suele entender por igualdad entre hombres y mujeres?

 

Que las mujeres tenemos los mismos derechos que los hombres, en las leyes, está claro para tod@s. Los hombres lo saben, al menos teóricamente y las mujeres lo saben en la práctica. ¿Se trata de que lo aprendan, ellos, en las actitudes, es decir, en la práctica? ¿Y como se puede aprender algo si no es practicándolo?

Las mujeres cada vez se atreven más a practicarlo, a decidir y expresar sus deseos; lo que quieren y lo que no quieren. Se atreven a pensar y se arriesgan a separarse aunque haya amenazas  por medio. Entonces ¿por qué usar estos términos  de igualdad que no nombran al verdadero problema? ¿Igualdad de quién con quién? ¿Por qué ocultar que lo que se debe hacer en educación, tanto en las aulas, como en las familias, en la publicidad o en el cine es promover, difundir, impartir, debatir y aprender a practicar otro tipo de relaciones donde la violencia no tenga lugar y ésta sea suplantada por relaciones justas?¿y cómo han de ser estas relaciones? De respeto, de escucha y de armonía, y si no de armonía al menos de respeto, sabiendo expresar los conflictos sin violencia, desde el conocimiento de sí mism@ y de las propias emociones, miedo, angustia o cólera, sin exigir que el otro tenga que cumplir mis expectativas. Habrá que estudiar, por tanto, los derechos y deberes de ciudadanía de mujeres y hombres, la situación de hombres y mujeres en nuestra sociedad, con sus roles y estereotipos, compararlos con los de otras culturas, insertas ya en nuestro medio, y, sobre todo, habrá que enseñar a practicar relaciones de amistad, amor y respeto, en una palabra relaciones justas, entre hombres y mujeres y entre todas las personas de esta y diferentes culturas.

En los institutos, sobre todo en la ESO, podemos observar ya modelos amorosos dominantes y pautas de relación no justas.

 Vemos como muchos chicos se ríen, desprecian descalifican o no consideran a las chicas. Esto constituye en sí maltrato,  preparándose así para futuros y mayores maltratos.

Vemos cómo las chicas se quejan de la infantilidad de sus compañeros de aula, pero a su vez, en las cartas de amor y en sus propias historias amorosas de adolescentes se preparan y están dispuestas a todo, o casi todo, por amor. Podemos leer frases, en sus escritos, como estas: “yo, sin ti, no soy nada”. Se preparan para ser maltratadas.

Todo esto nos indica la necesidad de analizar las historias de amor de la realidad cotidiana, la real y la que está en el imaginario, las historias de ficción del cine y de las teleseries que ven, así como las historias y modelos o parámetros amorosos que subyacen en las letras de las canciones que escuchan.

Habrá que realizar, por tanto, todo un plan de intervención para estudiar y hacer patente en sus conciencias las relaciones entre hombres y mujeres que se dan en la vida cotidiana, en la Literatura y a lo largo de la historia. Habrá que enseñar a practicar otro tipo de relaciones, sirviéndonos, entre otras cosas, de dramatización de historias o de análisis de casos reales o de ficción. Todo ello tiene un contenido extenso, porque no se trata tan sólo de impartir nuevos conocimientos a nivel conceptual sino de pensar, sentir y practicar otras relaciones y esto se aprende practicando nuevas situaciones y experiencias en talleres de actitudes. Esto me enseña mi práctica y la de tantas otras personas, que a o largo de un cuarto de siglo nos venimos preocupando por la Coeducación.

Además de lo ya expuesto, los malos tratos los están recibiendo ya las chicas adolescentes. Sé de casos de chicas con depresión y ansiedad, entre otros síntomas, cuya causa son los malos tratos psíquicos, cuando no físicos, de sus novios- mayores o de la misma edad que ellas- que pronto pasan a controlarlas, amenazarlas y aislarlas de sus amistades.

¿Cómo es posible todo esto y a una edad tan temprana? Quizás porque las mujeres tienen miedo a no gustar, a engordar y no gustar, a no ser consideradas, a que los hombres salgan con ellas por una apuesta o por fardar delante de otros hombres, pero no por verdadero amor. Tienen miedo, en definitiva, a no ser amadas por lo que son.

 

¿Y qué decir de las relaciones sexuales? ¿Por qué existen tantos embarazos no deseados entre las adolescentes? No se trata de dar charlas sobre anticonceptivos. Apenas cambia algo cuando los conocen. Nos topamos aquí con el deseo de la mujer que se supedita al del hombre, cuestión social, por tanto, que no se resuelve con el conocimiento de los anticonceptivos sino con el conocimiento del propio deseo y el respeto por el deseo de la otra persona, que no tiene por qué coincidir con el nuestro.

Sé de chicas adolescentes que confiesan que su chico les ha pedido hacer el amor y ellas no lo tienen claro. ¿Cómo defenderán su deseo? ¿Será respetado, tenido en cuenta, forzado, influido, tergiversado?

Mujeres universitarias me han confesado creerse raras y no normales ( eso les decía su novio) porque para hacer el amor y conseguir el orgasmo necesitaban una hora, por lo menos. ¿Cómo conocerán las chicas su deseo si no hablan con otras mujeres? ¿Cómo respetarán los chicos el deseo de las chicas si no hablan con otros hombres que lo respeten? Se necesita una educación que respetando la diferencia de los deseos de chicas y chicos vaya encaminada a la armonización y entendimiento. ¿Quién educará a los hombres en su sexualidad si no son los propios hombres? Porque se necesita educarlos en una nueva masculinidad. ¿Qué profesores varones están preparados para ello? El Gobierno habla de agentes de igualdad, expertos, una persona por cada centro. Me parece bien. Ya era hora, pero es insuficiente para lo que se pretende conseguir. Porque además se necesita preparar, obligatoriamente debiera ser, a todo el profesorado, y esto significa una gran dotación económica. También es necesario educar a las familias y a la entera sociedad, en cursos para padres o en programas de televisión y otros medios de comunicación. Personas expertas existen y muchas, la mayoría son mujeres.

 Se necesitan planes conjuntos y globales de Coeducación, dirigidos  fundamentalmente a adolescentes, como prevención urgente, pero también a todos los niños y niñas de todas las etapas educativas porque el cambio de actitudes no se hace en un curso escolar de una sesión semanal, que supone alrededor de 25 horas en total.

La experiencia coeducativa nos ha enseñado que en cuestiones de actitudes, de relaciones y de sexualidad se necesitan realizar, algunas veces, talleres separados de chicos y chicas, con hombres y mujeres, para posteriormente poder relacionarse en grupos mixtos, sin los prejuicios, miedos y máscaras que supone estar frente al otro sexo.

El plan  o la materia obligatoria debería considerarse dentro de la metodología de Investigación. Acción-participación, que implica investigar la propia realidad, la cotidiana,, la del barrio o ciudad, y la dela sociedad más lejana, comparándola con datos sociológicos y antropológicos de los diversos grupos culturales que componen un país, y comparándolo con otros países. Es necesario, por tanto, un trabajo profundo sobre las actitudes, asentadas en emociones, prejuicios y experiencias pasadas en los grupos de pares, en las familias y en los grupos sociales de pertenencia.

Otra cuestión a considerar es que la violencia machista, mal llamada de género, forma parte de la violencia estructural del patriarcado, y que éste nació y se alimenta del militarismo y de la obediencia al líder  o superior en jerarquía, con lo que supone de amenazas, miedos, falta de libertad, exclusión y racismo.

 

Todo lo dicho anteriormente pasa por el cuerpo, pues las normas que rigen las relaciones entre los grupos, junto con los estereotipos sociales sobre masculinidad y feminidad, influyen en la imagen corporal, en la autoestima y en como nos relacionamos, por tanto, con el otro y la otra. Habrá que tomar conciencia de las estrategias de relación de hombres y mujeres, más fusionales en las mujeres, que llevan frecuentemente a la dependencia, y más aislacionistas en los hombres, que llevan a la incomunicación. Así mismo la rabia, el dominio, la prepotencia y la ocupación del espacio son emociones y actitudes que pasan por el cuerpo, al igual que la tristeza o el amor. Por el cuerpo ha de pasar, por tanto, el cambio.

No se puede emprender un camino de cambio sin conocerse a sí mismo, para lo cual es fundamental la escucha de sí  y de las otras personas, observando las reacciones, sensaciones, emociones e ideas que suceden al interactuar con el mundo, y asumiendo las propias necesidades, deseos y límites.

Se necesita un plan de Coeducación y para ello una formación apropiada del profesorado. Se necesita un plan  y un proyecto global de Coeducación que implique a todo el centro escolar, familias y ayuntamientos, junto a los medios de comunicación. Todo un reto. ¿Puede caber esto en 30 horas?

 

                                                      Charo Altable Vicario